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Eczema atópico

Enfermedad de la piel por el agua
La dermatitis atópica es una enfermedad crónica de la piel que se manifiesta con inflamación persistente y un deterioro en la función protectora de la barrera cutánea. Esta alteración se debe principalmente a una deficiencia de lípidos y proteínas esenciales, lo que genera una sequedad extrema acompañada de brotes de picazón severa.
Entre sus principales síntomas se encuentran la picazón constante, la aparición de enrojecimientos o eccemas, y una piel exageradamente reseca.
Generalmente, las zonas más afectadas son los pliegues del cuerpo, como la parte interna de los codos y la parte posterior de las rodillas. Con el paso del tiempo, el rascado continuo puede causar un engrosamiento notable de la piel.
Esta condición dermatológica supone un reto importante, especialmente cuando se trata de actividades relacionadas con el contacto con el agua. Elementos como la dureza del agua, el nivel de cloro, las sales minerales, el pH y la temperatura pueden debilitar aún más la ya frágil barrera cutánea de quienes padecen esta afección, aumentando el riesgo de irritaciones y brotes.
El agua, aunque vital para la vida, puede convertirse en un desencadenante silencioso de esta enfermedad. Duchas prolongadas o frecuentes, el uso de piscinas cloradas, o el simple contacto con agua de mala calidad pueden alterar el equilibrio natural de la piel. En lugar de hidratarla, el exceso o mal manejo del agua puede eliminar los aceites protectores naturales, facilitando la entrada de agentes irritantes y aumentando la sensibilidad. Por eso, para quienes sufren de dermatitis atópica, es fundamental cuidar no solo la frecuencia y duración del contacto con el agua, sino también su calidad.


Alerta en EE.UU
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